-Ser imprescindible-

Olegario
Por la transcripción Pedro Caballero-Infante
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Tengo un amigo cirujano que dice: “Si yo caigo en una tribu de África al mes de estar allí me he erigido en Jefe, porque tras un tiempo reduciendo fracturas, fijándolas con ramas secas o practicando alguna que otra traqueotomía de urgencia, no tengo duda que el mago del clan solicita el traslado a otra tribu antes de que lo apaleen”. Con esto, y cierto retintín, me marca distancias entre su profesión y la mía, enfatizando sobre lo imprescindible de la suya.

¿Somos los farmacéuticos imprescindibles?. Veamos. Hace ya unas fechas, escribo esto a primeros de Junio, una compañía médica notificó a sus asociados una nueva oferta consistente en la entrega de medicamentos a domicilio.

La noticia levantó entre la clase farmacéutica una breve repulsa que, como siempre, quedó en simple pataleo. Porque entre los indignados están, y es aquí donde yo me pongo de los nervios, los que desde tiempo inmemorial han realizado esta práctica con mandaderos y bicis y ahora sus descendientes, muy “modelnos” ellos, lo hacen a través de las ventas “on line”, anunciándose, ofertas incluídas, en páginas web, apps y la madre que los parió. Y si a lo escrito le unimos la noticia que transcribo, cada vez dudo más de la imprescindibilidad de nuestra profesión.

La información dice así: “La Guardia Civil detuvo en Sevilla a un hombre de 32 años que había creado en su domicilio un laboratorio artesanal donde fabricaba productos farmacológicos contra la obesidad y la disfunción eréctil y los vendía en España y Portugal.  

El citado individuo había enviado más de 800 paquetes en los tres últimos años a destinos de España y Portugal. Además, los investigadores detectaron en varias páginas web, (¡Ojo al dato que diría García!), publicidad de diferentes productos, con distintas denominaciones, destinados al tratamiento de la obesidad y de la disfunción eréctil. Los investigadores  encontraron maquinaria con la que se fabricaban y envasaban los falsos medicamentos. Una de las máquinas había sido construida por el detenido a través de tutoriales de internet.”

Lo de este tío, que además, sin saberlo, era un formulista industrial del antiguo: ”hágase según arte” (h.s.a.),  tiene el lenitivo del mensaje político: “hay que incentivar la creatividad” para que nuestros niños no emigren al extranjero.

Como el caso es que entre la familia farmacéutica los vástagos tienen “vocación natural y mayoritaria” (¿por qué será?) de “hacerse” boticarios, no suelen tener necesidad de marcharse y sí modernizar la/s botica/s de sus progenitores siguiendo las pautas de un  “coach” y embarcarse en la nave que surca las procelosas aguas del océano “on-line”.

Pues no, queridos compañeros. Aunque las estemos pasando canutas, la auténtica verdad de nuestra profesión “boticaria”, un tanto “pasiva” por naturaleza, (no somos cirujanos), es intentar ser imprescindibles y para ello hay que hacerse “de córpore presente” y eso no lo da el “mando a distancia” (¿se me entiende?) de los pasados “felices años”, los de “Pepito, el mancebo”, ¿recuerdan?.

Lo da el estar mirando cara a cara al paciente o su familiar, no al “telepastillero” que oferta la compañía aseguradora,  y, mientras se oyen sus cuitas, seguirle apuntando, si lo solicita así, en cada envase lo de D/A/C aunque no lo indique el protocolo.

Los boticarios nos sentiremos imprescindibles si logramos que la gente nos cite por nuestro nombre  y no por el de la ubicación de nuestra botica. “Voy a ver qué me dice D. Antonio del sarpullido de mi niño que ese hombre sabe tela”, es una frase antitética del “on-line” que potencian, al parecer, las ventas.

Sé que lo que escribo será interpretado por muchos como la filosofía de un retrógrado antitecnológico. No es el caso pues yo, sin ir más lejos, utilizo “on-line” para reciclarme y estar al día, pero no para ofertarme en un escaparate virtual.

Puede que sea un “pobre” sentimental, en el amplio sentido de la frase, que ha visitado, por razones que no hacen al caso, muchas Unidades de Cuidados Intensivos en las que no falta nada en cuanto a las últimas tecnologías. Quizás sólo una mano artificial imitadora de la del hijo ausente para que una madre, que está expirando, no se sienta sola.

               

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