-Valor y precio-

Olegario
Por la transcripción Pedro Caballero-Infante
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Ronald Reagan, allá por los primeros años ochenta del pasado siglo y siendo Presidente de los EE. UU. de América, fue víctima de un atentado, en el que, además, sufrieron heridas diversos miembros de su escolta. Entre ellos el peor parado fue su portavoz James Brady, que  sufrió una herida de bala en la cabeza que lo dejó en coma durante algún tiempo y de la que no llegó a recuperarse totalmente, quedándole, entre otras secuelas, una dificultad para expresarse verbalmente.

Cuentan que cuando recuperó el conocimiento intentaron observar hasta qué punto su intelecto había sido afectado por el traumatismo.

Entre las varias preguntas que le hicieron sólo contestó la referente “a qué se dedicaba”. Respondió con dificultad: “Yo me dedico a contestar preguntas”.

Este hecho lo tengo siempre presente, y a veces lo uso, cuando alguien, a quien no conozco, me pregunta: “Tú, ¿a qué te dedicas?. Recuerdo a Brady y contesto de inmediato: “¡A contestar preguntas!”.

Cuando esta página de mi diario esté en vuestras manos, queridos compañeros, ya habrá terminado la campaña anual de la vacuna antigripal y os quedará el recuerdo de una asaz, por reiterativa, pregunta.

“Don Olegario, ¿esta vacuna es buena o mala?... Porque me han dicho… “.

“Don Olegario, mi madre se puso el año pasado la vacuna y como estaba resfriada, no quiera usted ver lo mala que se me puso. No sé si este año…“.

“Don Olegario, ¿usted “vende” la vacuna o tengo que ir al ambulatorio? Porque…”

“Don Olegario, ¿usted me puede poner la vacuna? Porque que yo con estos fríos no quiero desplazarme y tener que esperar…”

“Don Olegario, dice mi cuñado, que es un médico muy bueno, que no se me ocurra vacunarme, que lo de las vacunas es cosa de los laboratorios para hincharse de ganar más dinero y yo quiero que usted me diga…”

Este muestrario lo expongo como ejemplo de preguntas capciosas tan solicitadas por mi público que tanto me quiere y que ya viene prejuzgado por el Dr. Google y otras corrientes sanitario-mediáticas. Son, por su ambigüedad, las que requieren más tiempo y de las que, de una forma u otra, salgo siempre trasquilado.  Además, y eso lo tengo asumido, respondo diariamente a otras que van desde las estrictamente farmacológicas hasta las de índole económico. ¿Se le pregunta a un médico por los distintos tipos porcentuales de IVA? A mí sí, puesto que me consideran “empresario”.

Esto que escribo está impelido porque hoy, D. Carlos, un viejo maestro ya jubilado de un colegio cercano, me ha traído un obsequio muy especial.

D. Carlos, por cercanía laboral, se consideraba, según él, el recadero sanitario de su familia, y por tanto nuestra relación se hizo íntima y sistemática. Fue el primero que me hizo, tras mi contestación sobre lo que hoy se llama adherencia y PRM, y sin que le hubiese dispensado fármaco alguno, una pregunta sorprendente, aún en la actualidad, y muy gratificante: “¿Cuánto le debo?”.

Este señor, tan obsequioso como siempre, me ha traído un regalo especial; se trata de un opúsculo escrito por él que se titula: “Lo que no cuesta no vale”, y en el que, basándose en aquella anécdota, escribe, entre otros asuntos actuales,  sobre nuestra profesión, haciendo hincapié en la incomprensible gratuidad de nuestros consejos profesionales.

Cito este pasaje vivencial no por vanidad, sino porque me ha dado pie a no bajar la guardia sobre mi eterna reivindicación de la figura del boticario, y a seguir luchando por algo que pondría en valor, como se dice ahora, la baja estima que siempre he sentido al cobrar, además en mano, tan sólo el precio de algo tangible por el que percibo un  porcentaje más o menos alto según mi habilidad de empresario y comerciante.

Escribo esta crítica constructiva ofreciéndome para poner el cascabel al gato sobre el legítimo derecho del “cobro”  de la Atención Farmacéutica, aunque no sepa de qué modo hacerlo. Lo que sí sé que los farmacéuticos tenemos suficientes “primos de Zumosol” que saben a qué gato hay que enfrentarse. Yo, ya lo he dicho, me ofrezco a colaborar con mi cascabel. Lo que no sé es donde está el gato y en su caso si tendré acceso a él.

Ahora bien, si cuentan con mi colaboración y por ser coherente, advierto que mis honorarios ascienden a 100 euros IVA incluido.

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