-Pepito, el mancebo-

Olegario
Por la transcripción Pedro Caballero-Infante
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 Actualmente la expectativa de vida ha llegado a unas cotas que el número de viejos se ha multiplicado de una forma exponencial impensable hace pocos años.

Un servidor que, como saben los lectores de mi diario, es un ávido lector de prensa, hace especial hincapié en la lectura de esquelas mortuorias.

No piensen mal. Ni soy morboso, ni voy buscando coetáneos caídos que me hagan pensar que la parca está al acecho.

Lo hago por razones antropológicas. Una por lo inusual de algunos apellidos. Verbigracia: ¿Saben ustedes que tenemos compatriotas que se apellidan “Achaques”, y que, tras pródigas investigaciones, he descubierto que proceden del pueblo de Azjalvir, el de la primera feria taurina del año?.

Por ello si algún paciente me pregunta: “D. Olegario, ¿de dónde me vienen los achaques?.” le contesto de inmediato: “De Azjalvir”. Luego se lo explico, se ríe y se le alivian.

La otra razón es sociológica como el comprobar que en una misma ciudad murió un señor que tuvo once hijas y años más tarde otro que tuvo también once descendientes pero, en este caso, varones. Lo puedo demostrar pues tengo escaneadas las mortuorias por si un buen día me da por publicar un libro sobre ellas.

Pues bien. De un tiempo a esta parte la literatura de las mortuorias refleja, tras la muletilla de: “demás parientes y afectos”, la adenda de, valga el ejemplo, “y sus fieles servidores Gustavo Armando y Yasmina”. No es difícil llegar a la conclusión  de que estos “fieles” son  emigrantes, contratados por los hijos o nietos del fallecido,  que los han cuidado hasta sus últimos días. ¡Pena del desamparo familiar fruto de la vida actual!.

Y ya sin más voy al tema. He leído que en una ciudad española han denunciado a una persona de la que sólo ponen sus iniciales, pero a la que, como el periodista agrega, se le conoce en su ámbito como “Pepito, el mancebo”

No conozco literalmente el texto de la denuncia pero, por lo que leo en la noticia, se le acusa de estar en posesión de innumerables tarjetas sanitarias y un abundante botiquín con medicamentos y material sanitario. Tras la fría síntesis del “delito” he buscado y encontrado un perfil biográfico del denunciado.

Se trata de un veterano mancebo de botica, ya jubilado, que ejerció, como tal, durante 40 años en un barrio populoso. No he necesitado, aunque lo haya hecho, leer más para montarme la película que a continuación cuento en mi diario.

Pepito, en su trayectoria profesional, ha conocido la vieja farmacia, a la que acudían jóvenes que actualmente son ancianos supervivientes alojados en residencias geriátricas. Para ellos Pepito ha sido su santo y seña como consejero y amigo. El mancebo les ha resuelto muchos problemas no sólo sanitarios sino burocráticos, sociales y familiares.

Desclasados de la familia han seguido en contacto con Pepito, sin ejercicio profesional, que no ha dudado en acudir a la acostumbrada demanda de consejo y auxilio que no les dan los propios hijos, aquellos mocosos a los que Pepito les regalaba pastillas Juanola.

A Pepito sus antiguos pacientes les han dado sus tarjetas sanitarias e incluso las cartillas de ahorros, para que sea él, no la asistenta social, sino precisamente él, quien les haga los “recados”.

Pepito ha vertido su ocio en la atención de sus viejos amigos, y de esta forma ha dispuesto no sólo de los documentos reseñados, cedidos voluntariamente, sino de otros fallecidos que, antes de morir, han pasado a manos de los supervivientes.

-“Pepito, sube a mi habitación y allí en el armarito tengo las pastillas y los jarabes de Rosalía que se murió la semana pasada. También, y tú disimula, te doy su tarjeta para que hagas con ella lo que quieras”

De esta forma el viejo mancebo fue recopilando el arsenal de cuya tenencia está acusado.

Si yo actuase como abogado defensor intentaría llevar una grabación sonora de estas confidencias.

-“Pepito gracias por venir a verme casi todos los días. Por cierto: a mí las pastillas esas que “jierven” y que no me quitan los “dolore” no me sirven “pá ná”. ¿No tendrás tú algún “Ostalidon” de los antiguos, que eso sí que eran “güeno”.

Vieja, humana y heterodoxa forma de hacer Atención Farmacéutica que acabará en los tribunales.

 

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