-Orgasmatrón-

Olegario
Por la transcripción Pedro Caballero-Infante
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Hoy, el sexo comercial, que no se confunda con la prostitución, está ocupando tal espacio en las páginas publicitarias de prensa, cuñas de radio y anuncios televisivos que a muchos los está sacando de la crisis económica. El sexo es algo muy importante y ya el Arcipreste de Hita lo colocó, tras la ingesta alimenticia, como número dos en el díptico vital del hombre. El rol del farmacéutico en este tema ha sido muy importante y hablo por experiencia. Que Carmela me haya contado muchas veces cómo su marido peleón, vago  y borracho le “exige” coyunda, previa amenaza de agresión, es un clásico en mi actuación boticaria que procuro paliar. También varones me han consultado, “sotto voce”, problemas de disfunciones e incluso parejas preocupadas por no lograr hacer realidad el tener descendencia han sido “Atenciones Farmacéuticas” que he ido resolviendo o, según grado de gravedad, dirigiendo hacia los especialistas correspondientes.

También las enfermedades venéreas han sido patologías “vergonzantes” cuyo primer consultor ha sido el boticario. Hoy las ETS que se creían vencidas han vuelto con mayor virulencia a causa del desmedido uso de la antibioterapia y las resistencias que han generado. Y así el empoderamiento (¡toma ya!) con el que la administración nos ha autorizado para la dispensación del kit del VIH nos da autoridad facultativa más allá de los problemas familiares y psicológicos del sexo, algo que ha “puesto en valor” nuestra figura de profesionales de la sanidad vs tenderos.

Hasta aquí, ¡qué alegría!, solo he escrito sobre lo positivo, pero la cuestión negativa nos la ponen al día otros asuntos relacionados con el sexo que no tienen nada que ver con las patologías somáticas.

Que una famosa marca de preservativos haya pasado de la normal publicidad de su prístino producto a otros que a debidas temperaturas y en determinadas circunstancias producen unos chispazos erógenos que acaban con los transformadores de Endesa, va un largo trecho.

Pero hay más. Otra hiperpublicitada clínica especializada en problemas sexuales (no en sexología) ha pasado, como con los condones, del reiterado anuncio convencional a crear este slogan: “Hágase un B… para romper tabúes sexuales masculinos”.

A mí todo esto me parece muy bien como usuario de a pie pero, ¡ojo amigo!, que mis mal llamados compañeros entren al trapo pasándose de rosca y en algunos casos conviertan sus boticas en sexshops, ya me pone de los nervios, pues les dan pie a muchos envenenadores de palabras que nos meten a todos en el mismo saco, y es aquí donde desenvaino mi fiel espada vengadora untada con más mala leche aún.

Porque el remate de los tomates es que en el Mobile World Congress, la feria de tecnología móvil más grande del mundo, se hizo una encuesta en la que el 33% de los hombres asegura que tendrían sexo con robots de Inteligencia Artificial a través del móvil, y que en el mismo evento se haya hablado de artefactos masturbatorios y realidades virtuales bien con gafas o en pantalla de ordenador o tablet de los que dicen, y cito textualmente, son “cómodos, baratos y disponibles a cualquier hora sin resaca ni física ni espiritual”, o sea sin “efectos secundarios” (y esto es mío), que a mí me parece algo muy bueno.

Otra cosa es que como boticario me preocupe que al estarse hablando de “artefactos” que se pueden adquirir, no solo “on line”, sino en establecimientos “especializados”, se me erice el vello al pensar en la maldita frase, ¿les suena?: “De venta exclusiva en Farmacias”.

Porque si recuerdan la genial e hilarante película de Woody Allen “El dormilón”, en una escena, Miles, el protagonista que lo encarna el propio Woody, descubre que la gran mayoría de las personas del “futuro”, (la película es de 1973), que ha encontrado tras su deshibernación, son frígidas, y que para tener relaciones sexuales la pareja necesita entrar en un aparato llamado “orgasmatrón”. Solo así se puede sentir placer: a través de las máquinas, de lo artificial.

¿Qué pasaría si dentro de poco Luis, el farmacéutico adjunto, entrase en mi despacho diciendo: “Don Olegario que pregunta por usted un comercial que viene a proponerle que instale una máquina que se llama “Orgasmatron”. (*)

 

(*) Increíble pero cierto: En el año 2003 un científico de Estados Unidos encontró un aparato que provoca orgasmos en mujeres con disfunción sexual.

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