-“¿Aconséjese según arte?” -

Olegario.
Por la transcripción Pedro Caballero-Infante
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Mis siglas favoritas como boticario siempre han sido: “h.s.a”, definitorias del “hágase según arte”, con las que los galenos nos daban (¿aún hoy?) cierta autoridad sanitaria en el campo de la formulación magis­tral, actividad de la que saben más los compañeros que componen la Aso­ciación Española de Farmacéuticos Formulistas con los que comparto casa periodística en estas páginas de ACOFAR.

Esto no quita para dejar constan­cia en mi Diario, y en ello hago hinca­pié, que mis tiros van más por la vía de la semántica que por la de la cien­cia. Me gustan estas siglas porque en ellas va incluida la palabra: “¡hágase!” fonema imperativo, resolutivo y dis­tante de consejos e intermediarios.

Valga un ejemplo de la vida cotidia­na. Si un allegado me pide que le dé mil euros, bien a “crédito” o a “fondo perdido”, yo puedo ayudarle de dos formas. Una “aconsejándole”, y, para ello, “indicándole”, que puede recurrir a un préstamo bancario, ofreciéndo­me incluso como “intermediario” para avalarlo, y otra, sin desmerecer la an­terior, dándole, sin más dilación y so­bre la marcha, un cheque por valor de la cantidad requerida.

Esta última postura es, como se dice en mi tierra, rematar bien la fae­na, y en sentido cristiano, (¡ojo al par­che y sin señalar!), no sólo dar, sino “darse”.

Todo viene a cuento porque mi de­seo temperamental siempre ha sido, aunque sin lograrlo en la mayoría de los casos, resolver problemas sinnecesidad de acudir a otros. ¿Y que pasa pues, Don Olegario, como dicen en Lequeitio?

Pues que el pasado Noviembre, como es habitual, se inició la campa­ña sobre la vacuna antigripal y, una vez más, me pregunté... ¿en qué he colaborado yo? ¿En qué colaboramos los farmacéuticos?

En lo de siempre. ¿Recomendan­do verbalmente o practicando el “fo-lleteo”? ¿Valorando si el paciente sufre un simple resfriado o un pródromo de gripe severa? ¿Manejando protocolos de la “indicación farmacéutica” sobre factores de riesgo como edad del pa­ciente, patologías, y en consecuencia aconsejar, aconsejar y aconsejar? Sí, que no es poco. Pero yo quiero más.

En definitiva, como dice/canta, Mina, la divina: “Parole, parole, paro-le...”.

Pero, y esto me alegró, por estas mismas fechas leí una noticia prove­niente de Francia que resumo, en la que se dice cómo nuestro vecino, el farmacéutico galo, ha sido autorizado para vacunar de la gripe. La partici­pación de la farmacia, sigue la nota, es voluntaria pero remunerada. En concreto, cada administración de una vacuna de la gripe acarrea una remu­neración de 4,50 euros (mediante re­ceta pública) y 6,50 euros (en el caso de las aseguradoras). Asimismo, se establece una retribución adicional de cien euros para aquellas farmacias que hayan vacunado a más de cinco pacientes.

¿Cómo se han quedado? Esto si que es, como escribía más arriba, re­matar la faena, amenazas liberadorasaparte del señor Macron, (que, por cierto, tiene nombre de hipermercado y de ahí le vendrá el avenate) y mante­ner, al menos en mi caso, la ilusión de que esta medida llegue a España y de una vez cambiemos el “aconséjese” por el “hágase”.

Porque no confundamos. Cuando se habla de firmas de convenios con entidades que “permiten” al boticario no sólo la “Indicación Farmacéutica”, sino el seguimiento y “diagnóstico” (¡¿he escrito algo?!) de enfermedades como diabetes, SIDA o cáncer de co­lon, los firmantes, están suscribiendo algo que no comparto pues sería, se­gún mis cortas entendederas, “vender sin receta” productos de autodiag-nóstico como, valga el ejemplo, san­gre oculta en heces.

Y previendo lo que se me puede venir encima, y en legítima defensa, declaro que nada más lejos de mi in­tención denostar o tirar por los suelos el consejo farmacéutico, que tam­bién, y dicho sea de paso, cada vez se está revistiendo de más distintos calificativos: “Atención farmacéutica”, “Indicación Farmacéutica”, “Adhe­rencia Farmacológica”... algo con lo que estamos diluyendo los conceptos que la gente pueda tener sobre lo que “hacemos” los boticarios, y mucho menos minusvalorar la labor de nues­tros Colegios y Consejo promoviendo charlas, folletos (el “folleteo”) y carte­les. ¡Quede claro!

Yo tan sólo quiero, como boticario, meter goles y dejar de dar “asisten­cias” para que se apunte el tanto un tal Cristiano, el “bluf” más grande que ha dado la historia del fútbol.

 

 

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