Que viene, que viene…


Sonia Saenz de Buruaga
Presidenta SEFAC Euskadi

 

Otra vez, otro año más... El virus de la influenza vuelve a casa antes de Navidad. Un virus caprichoso que afecta a la nariz, garganta, bronquios, pulmones e incluso al corazón, al cerebro y a los músculos. La gripe aparece de forma brusca, con fiebre alta, dolor de garganta, malestar general, debilidad, dolores musculares y articulares, cefalea, tos, secreción nasal… El que ha pasado una gripe lo sabe, duelen hasta las pestañas y te deja para el arrastre. El mayor problema radica en que convive con otros virus que producen resfriado, una enfermedad más benévola y que no suele producir tantas complicaciones.

Otra diferencia entre ambas: Que antes de que llegue el virus de la influenza de visita, como todos los años, empiezan también las campañas de vacunación contra la gripe, porque de ella sí podemos protegernos, pero seguimos sin conseguir coberturas vacunales importantes. ¿A qué se debe? Pues en gran medida a la fe. Sí, habéis leído bien, he escrito fe, aunque debería de decir mejor a la falta de fe… La gente no cree que la vacuna le haga efecto preventivo, muchos no saben que la necesitan, otros están convencidos que no les protege de las complicaciones… Es más, una gran mayoría piensa que es la misma vacuna la que les provoca la gripe, y la inmensa mayoría de la población no cree que la gripe pueda llegar a matar… Y lo siento, esto no es tema de religión, se trata de ciencia. Y los farmacéuticos, como profesionales sanitarios que somos, hemos de trasmitir lo que la ciencia dice, e insistir trasmitiendo información veraz y real y dando las explicaciones necesarias a cada paciente, es decir, que la vacuna funciona, es eficaz y totalmente segura.

Cuando un paciente entra en la farmacia comunitaria y vamos a dispensarle su tratamiento farmacológico podemos saber si se trata de un paciente que pertenece a uno de los grupos de riesgo, en cuyo caso las complicaciones pueden llegar a ser graves, muy graves, e incluso mortales. Podemos saber si el paciente es mayor de 65 años, o mayor de 6 meses, o adulto con enfermedad respiratoria crónica, enfermedad cardiaca, paciente diabético, inmunodeprimido, trasplantado, con tratamiento oncológico… Podemos saber si es un paciente con tratamiento a base de corticoides a altas dosis, con insuficiencia renal o que padece alguna enfermedad neurológica. Es decir, podemos detectar a los pacientes susceptibles de recibir la vacuna, ya que en todos ellos está indicada y recomendada, al igual que lo está para las personas con obesidad mórbida, posibilidad de desnutrición o todas las embarazadas en cualquier mes de gestación. Y los convivientes con alguno de estos enfermos o niños prematuros también se deben vacunar. Y lo dicen los expertos y la ciencia.

Aunque los peores somos nosotros, porque además los sanitarios deberíamos predicar con el ejemplo. A las farmacias comunitarias llega el virus de la gripe sí o sí. Y es verdad que tenemos más complicado conocer la profesión de los que acuden a la farmacia, pero hemos de saber que además de los sanitarios, los bomberos, los policías, los trabajadores de residencias geriátricas, de guarderías, de servicios públicos, de centros penitenciarios, etc. se deben vacunar, porque son los que al final están con muchos de los pacientes de los grupos de riesgo anteriormente mencionados.

Está demostrado que cuando el farmacéutico comunitario se involucra en las campañas de vacunación la cobertura vacunal aumenta. ¿Por qué no lo hacemos? Somos el primer y último eslabón de la cadena sanitaria, y tenemos el tiempo y la oportunidad con los pacientes. Aprovechémoslo.

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