La investigación desde la Oficina de Farmacia

Juan Uriarte
Farmacéutico
Bilbao

 

Hace escasamente un mes, asistí a la sexta jornada de “Investigación en servicios profesionales farmacéuticos asistenciales” organizada por el Foro de Atención Farmacéutica en Farmacia Comunitaria (Foro AF-FC), en la sede de nuestro Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), en la que se hizo una reflexión sobre la transformación que está experimentando la farmacia comunitaria y la evolución de su Cartera de Servicios Farmacéuticos.

Un hecho importante fue la aparición del concepto de Servicio en relación con las actividades profesionales que se pueden desarrollar desde la farmacia. Así, Foro AF-FC consensuó en 2015 la definición de los SPF Asistenciales de Farmacia Comunitaria (SPFA) como “aquellas actividades sanitarias prestadas desde la Farmacia Comunitaria por un farmacéutico que emplea sus competencias profesionales para la prevención de la enfermedad y la mejora tanto de la salud de la población como la de los destinatarios de los medicamentos y productos sanitarios, desempeñando un papel activo en la optimización del proceso de uso y de los resultados de los tratamientos. Dichas actividades, alineadas con los objetivos generales del sistema sanitario, tienen entidad propia, con definición, fines, procedimientos y sistemas de documentación, que permiten su evaluación y retribución, garantizando su universalidad, continuidad y sostenibilidad”.

 


Pero más allá de las definiciones y la clasificación de los servicios en dos grandes grupos como son los referidos a la Atención Farmacéutica en sí, lo que centró mi atención fueron los referidos a los Servicios relacionados con la Salud Comunitaria y lo que se entiende por ello. Creo firmemente que las actividades orientadas al paciente, tal y como se recoge en la Ley 16/1997 de “funciones y responsabilidades del farmacéutico”, deben ir más allá de la custodia de medicamentos, la dispensación e incluso el seguimiento. Los farmacéuticos tenemos una muy sólida formación académica, lo que debería hacer que actuáramos como profesionales de la salud, siempre al servicio de la sociedad y de sus necesidades. Pero no siempre sabemos hacerlo de la manera óptima. O nos da pereza involucrarnos más. En consecuencia, no tenemos más opciones que sumergirnos en actividades relacionadas con el uso racional de medicamentos, la prevención de la enfermedad, detección precoz y derivación al médico en su caso y la educación sanitaria y promoción de la salud. Si no, daremos la razón a aquellos que atacan nuestra profesión y nos tildan de simples “empaquetadores”.

Por otra parte, y centrándonos en las posibles soluciones, considero que no sólo se pueden realizar actividades investigadoras en los laboratorios. La farmacia hospitalaria y comunitaria no solo puede, sino que debe desarrollar actividades investigadoras. Las oficinas de farmacia son centros investigadores. Los farmacéuticos son investigadores. Valga por ejemplo, en el B.O. de Cantabria nº 54 de 19 de marzo, que publica la Orden SAN/20/2015, de 9 de marzo tal y como puede apreciarse, se barema en el concurso de méritos (“Punto IV. Otros méritos”) el papel investigador del farmacéutico y su participación en “proyectos de investigación de interés farmacéutico o sanitario”, tanto como Investigador Principal como otro personal investigador.

Un ámbito de acción idóneo sería la realización de estudios post-autorización relacionados con la farmacovigilancia como los realizados por la Red de Farmacias Centinela de Castilla y León, que desde su puesta en marcha en septiembre de 2015, desempeña una actividad relevante que viene a reforzar la seguridad del medicamento, o el Programa EZERRE, realizado en Bizkaia, y que consiguió que mediante el uso de las herramientas que se diseñaron para el estudio se incrementara considerablemente la adherencia de los pacientes al tratamiento con vareniclina, evitando que las reacciones adversas medicamentosas fueran causas de abandono al tratamiento. Actividades investigadoras bien planteadas, registro y obtención de resultados y finalmente la traslación a la práctica y aplicación de las conclusiones son fundamentales hoy en día a todos los niveles.  

Este germen investigador debe sembrarse indefectiblemente durante los estudios universitarios, y hacer ver a los futuros farmacéuticos que también fuera de los laboratorios se puede realizar investigación que produzca resultados de gran aplicabilidad en la práctica farmacéutica  diaria. El nexo con la universidad no puede finiquitarse con la obtención del título de farmacéutico, debe haber una relación a más largo plazo. No parece muy razonable que una asignatura como “Atención Farmacéutica” sea aún una optativa en algunas facultades de farmacia.

Por otra parte, el Consejo General y los Colegios Oficiales de Farmacéuticos tienen asimismo el reto y la gran responsabilidad de mantener esa inquietud, que puede desarrollarse desde los grupos de trabajo colegiales, desarrollando iniciativas o apoyando las inquietudes de los farmacéuticos. Para ello, el Consejo General y los Colegios deben desarrollar planes estratégicos a largo plazo para poder crear ese cambio de tendencia necesario.
Hay que encauzar nuestro potencial. Somos unos profesionales muy bien preparados, que estamos siendo desaprovechados por la administración, la sociedad y por nosotros mismos. Formamos parte de una profesión muy bien valorada, pero debemos seguir trabajando para que esto siga siendo así y para ello, la excelencia en los servicios que ofrecemos es fundamental. Como dijo Winston Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

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