Etnobotánica y plantas medicinales en dolencias digestivas

Jesús Catalán Sesma. Farmacéutico

 

Mediante la interrelación constante con los habitantes de la Comarca Cinco Villas (Zaragoza), dependientes de mi farmacia en Luna, he conocido las plantas medicinales utilizadas por ellos desde tiempos ancestrales.

Ello dio como resultado documentar 413 especies vegetales recogidas en un libro editado el año pasado (“Plantas Medicinales de Monlora y las Cinco Villas Orientales”), 120 usadas para tratar dolencias digestivas.

Se corroboró que los usos populares coinciden con los usos científicos. De esa forma, se ha podido recomendar desde mi botica el uso de plantas utilizadas por nuestros antepasados y, demostrado, que la fitoterapia es una alternativa adecuada a los medicamentos de síntesis.

 

 

Así, se han usado y siguen usándose:

 

Plantas antidiarreicas:

El cocimiento de corteza y bellotas de carrasca o encina; o como se me decía: “tomando el agua del cocimiento de los tapaculos cuando el vientre va movido” (sic), siendo los tapaculos los frutos de “la rosera” o rosal silvestre (Rosa canina); o los frutos bien maduros del acerollero (Sorbus domestica), conocidos como acerollas, que incluso el cantautor aragonés, José Antonio Labordeta, recogió la recomendación popular de que deben comerse ya maduras, diciendo en una de sus canciones:

"No cojas las acerollas,
déjalas para el verano,
toma el camino de casa…"

Plantas gastroprotectoras:

Todas ellas ricas en mucílagos, como el regaliz, la malva, la violeta e incluso la patata, diciéndome uno de mis informantes: “machacando las patatas sale un caldo contra el ardor de estómago”.

 

Plantas antiespasmódicas:

La mejor de las manzanillas, la dulce, Matricharia camomila, que crece en los campos de Valpalmas, pueblo en el que pasó su infancia el Premio Nobel de Medicina D. Santiago Ramón y Cajal.

El llamado té de México (Chenopodium ambrosoides L.) se usó a partir del S. XVII cuando lo importó el fraile dominico, fray Francisco Ximenez, “natural de la villa de Luna del Reyno de Aragon”, como reza en la portada del libro que este fraile-enfermero del hospital de Huaxtepec (México), tradujo del latín al castellano: la obra del doctor Francisco Hernández, médico del Rey Felipe II, sobre remedios usados en aquellas tierras; aquí, se buscaba por su acción antiespasmódica estomacal, así como carminativa y antiflatulenta.

 

 

Hay mucha variedad de acciones, más que el número de plantas estudiadas: el cardo mariano (Silybum marianum) se dice está “bendecido” por la Virgen María con numerosas propiedades, entre las que figura la depuración hepática; otras plantas, como la alcachofa, el diente de león, etc., tienen acción colerética y colagoga.

Las ortigas se usan en el caso de indigestión, diciéndosenos: “las chordigas se hirven y el agua se bebe para quitar las grasas de las tripas” (sic).

Y concluyo con las de las bellas y pequeñas margaritas (Bellis perennis) que crecen, entre otros muchos sitios, en las laderas del castillo de Yéquera, que sigue viendo pasar a las gentes desde que el Rey Sancho Ramírez lo levantase cuando a final del s. XI reconquistó Luna (1092), y que el cocimiento de su raíz, hojas y capítulos, tiene actividad antiespasmódica, tónico-estomacal, emoliente y laxante.

 

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