¿Estás seguro?

Daniel de María
Farmacéutico comunitario

 

No hace mucho asistí a una conversación en la que uno de los asistentes co­mentaba que había ido al médico, le había prescrito un medi­camento y, al acudir a la farmacia, le habían dado uno cuyo nombre no coincidía con el de la receta. Esta persona le preguntó al auxiliar si es­taba seguro, a lo cual éste respon­dió que claro que lo estaba, porque en caso contrario no le abonarían la receta. La cuestión era que el medicamento prescrito no se podía con­seguir y el auxiliar eligió uno idéntico de otro laboratorio y, por tanto, con otro nombre.

Sobre la respuesta del auxi­liar todos estábamos de acuerdo en que el argumentar así su ac­tuación era una contestación muy poco afortunada. Sobre la pregun­ta dudando sobre si era lo mismo saltó la controversia: “¿Por qué no le preguntaste al médico si estaba seguro de que lo que te prescribía de las farmacias comunitarias de nuestras ciudades. Por lo general, anuncian que si entras conseguirás ofertas, descuentos, regalos; mues­tran toallas y sombrillas en verano, copos de nieve en invierno, etc. Pero pocas resaltan que dentro se estudia la medicación para mejorar tu calidad de vida (SFT), que se ayu­da a mejorar la adherencia (SPD), que se informa sobre temas de sa­lud (campañas sanitarias), etc.

 

Es obvio que no se trata de ele­gir una de las dos opciones, que el escaparate de la farmacia comu­nitaria debería ser una mezcla, en proporciones variables según las características y ubicación, entre anunciar los servicios farmacéuticos que desarrolla la farmacia y exponer productos para el cuidado de la sa­lud, amparándose siempre en crite­rios científicos y de salud.

El farmacéutico comunitario es el profesional de la salud más cercano al paciente. Ganarse la confianza del resto de profesionales y de la Admi­nistración para que se nos incluya en la planificación de la salud de los habitantes, se nos permita el acceso a datos clínicos y partes del histo­rial relevantes para ofrecer un mejor servicio farmacéutico, etc., es un trabajo duro y del que todavía nos queda mucho por recorrer. Hemos de seguir realizando dispensaciones en vez de ventas, impulsando y dan­do a conocer los servicios farmacéu­ticos, intensificando el contacto con el resto de profesionales de la salud (perder el miedo a contactar para colaborar, preguntar o asesorar, te­niendo como objetivo el bienestar del paciente), etc.

Esta primavera se inició la si­guiente fase del programa CONSI­GUE, que pretende impulsar el SFT en la farmacia comunitaria. Fases anteriores ya han demostrado un ahorro económico para el SNS de 2.271 millones de euros, un des­censo superior al 50% de los pro­blemas de salud no controlados, de las visitas a urgencias o de las hospitalizaciones. Está claro que si se mejora la calidad de vida de los habitantes y se consigue un ahorro económico, será difícil negarse por parte de la Administración a impul­sar una farmacia asistencial remu­nerada. Instituciones como la FIP o la OMS ya apoyan una farmacia más asistencial y clínica. Y países como Canadá, USA, Nueva Zelanda, Aus­tralia, Suiza o Reino Unido, ya tie­nen implantados (y son remunera­dos) servicios farmacéuticos. No vale esperar a que sea una realidad en España para sumarse, hay que colaborar ahora para que sea una realidad a corto plazo.


 

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