La Escala Kardashov

Martín Muñoz Méndez. Vicepresidente de AEFF

 

Leyendo sobre la posibilidad de que en el Universo haya otras civilizaciones, encontré un texto de Carl Sagan que mencionaba una escala ideada por un astrofísico ruso de apellido Kardashov, que las clasificaría en función de su desarrollo tecnológico y del aprovechamiento que hagan de sus recursos. Esta escala contempla una clasificación en grupos I, II y III, siendo el grupo III los más evolucionados.

Sagan estimaba que nosotros estaríamos en un 0.7, y que nos quedan aún un par de siglos para llegar al tipo I, cuando logremos aprovechar mejor los recursos energéticos a nuestro alcance.
Cosas del azar, al día siguiente de leer ésto recibí una llamada de un compañero con un caso bastante curioso. Una señora aquejada de síndrome de Cushing fue a su farmacia pidiendo que se le elaborasen unas cápsulas de ketoconazol; la señora llevaba el informe del especialista, la receta y otros documentos relacionados con su enfermedad. Al ser el ketoconazol una sustancia que ha sido eliminada del arsenal terapéutico en administración sistémica (aunque se sigue usando vía tópica) y siendo el tratamiento del Cushing la única excepción para la vía oral, el motivo de la llamada era si había algún impedimento para elaborar esas cápsulas. Recuerdo que  respondí que si tenía toda la documentación en regla y la receta bien cumplimentada, yo entendía que no, pero que primero preguntara a “los que mandan” dada la singularidad del caso.

Reconozco que antes de colgar ya intuía la respuesta que le iban a dar y así me lo confirmaron; la respuesta fue cortita y sencilla, dos letras: NO. Y la explicación no le iba a la zaga, algo como que “no se contempla”, que  traducido son dos palabras: PORQUE NO.

Lo mejor del caso era que la señora explicaba que llevaba tiempo tomando el ketoconazol pero al haber sido retirado estaba sin medicar y las variantes que le daban pasaban por la importación, opción que no podía asumir por ser su coste 10 veces más elevado.

 

 

 

A esta señora creo que al final le facilitaron su medicación pues fue dirigida a la Delegación de Sanidad de su ciudad; supongo que el precio del fármaco lo asumiría la Administración (igual es mucho suponer, no lo sé) y, si fue así, la Administración pagó un sobrecoste importante por una medicación que se podía haber elaborado en cualquiera de las muchas farmacias con laboratorio y dispensada en cualquier farmacia española. Importamos un fármaco (ketoconazol 200 mg.) y pagamos mucho más por lo mismo que se podía haber elaborado aquí. Sagan y Kardashov vinieron otra vez a mi mente: aprovechamiento de recursos.

Este caso de sobrecoste para la Administración y el paciente (no es menos importante el sobrecoste para el paciente, que se ve obligado a desplazarse consumiendo tiempo, esfuerzo y recursos para que se le dispense el medicamento que necesita), podemos multiplicarlo por el número de enfermos que actualmente sufren el síndrome de Cushing, o por el número de situaciones similares que se dan en multitud de patologías huérfanas; también podemos incluir el número de desabastecimientos que seguimos sufriendo- y que no tiene visos de remitir-, en definitiva podemos multiplicarlo por lo que queramos que siempre llegaremos a la cifra de millones de euros que nos gastamos en tratamientos que se pueden elaborar y dispensar aquí.

La pregunta clave es: de todo lo que se importa ¿cuánto se puede ahorrar elaborando la medicación aquí? Eso en términos económicos, por no hablar de la burocracia innecesaria que puede evitarse y las molestias a los pacientes.

Si estamos todos de acuerdo que la asistencia a los pacientes es lo primero, no es difícil pensar que estas situación de intermitencias, retiradas de fármacos y desabastecimientos van a continuar, por lo que  mejor que elaboremos un plan de aprovechamiento de los recursos propios puesto que sabemos (y sufrimos) que no son ilimitados.

Luego podemos argumentarnos que todo se complica entre Autonomías y Estado, que las cosas son lentas, que hay otras prioridades más urgentes, que no todo es tan fácil, podemos desviar la conversación hacia donde queramos, pero seguiremos desaprovechando recursos.

Tenemos una reglamentación de laboratorio de oficina de farmacia que garantiza la elaboración, tenemos sustancias para elaborar medicamentos individualizados que cumplen absolutamente todas las normas de garantía exigidas por leyes europeas y, sobre todo, tenemos ejemplos en los que estos recursos han funcionado muy bien (las cápsulas de dexametasona se  estuvieron elaborando mientras estuvo desabastecida), pero nos falta la voluntad de saber que, con un poco de organización, podremos aprovechar los recursos propios y adelgazar la factura que pagamos a otros países por lo que se puede hacer aquí. Obviamente esta factura seguirá siendo abultada, ya que no siempre hay soluciones con la formulación magistral, pero creo que la tendencia no debe ser buscar fuera lo que se puede elaborar con todas las garantías aquí.

En este caso del ketoconazol, cualquier farmacia con laboratorio podría haberla elaborado, sin perjuicio que luego, al ser un caso atípico, se tuvieran que presentar los oportunos informes del especialista que lo prescribe o el documento que se requiera, pero siempre será mejor que cargar el precio de un fármaco a una cuenta que no para de crecer.

No es la primera vez que mis compañeros de esta revista y yo escribimos sobre este tema. Por mi parte será la última hasta que tengamos un avance que contar puesto que vamos a llevar este caso, junto con otros parecidos, a quien corresponde.

Y sí, reconozco la licencia de mezclar a Sagan en todo esto… •

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