Sensibilidad química múltiple y formulación magistral

Luis Marcos Nogales.
Farmacéutico y miembro de AEFF


La sensibilidad química múltiple (SQM) es una enfermedad crónica causada por la exposición y posterior sensibilización a sustancias químicas sintéticas hasta llegar a lo que se conoce como “pérdida de tolerancia inducida por tóxicos” (TILT); esta enfermedad afecta, principalmente, al sistema nervioso central.

Aunque esta exposición puede darse en el ámbito doméstico, es más frecuente encontrar casos de SQM en entornos laborales en los que el contacto con este tipo de sustancias es cotidiano (empresas de limpieza, peluquerías, agricultura, jardinería, trabajos en edificios mal ventilados, empresas químicas, etc.) y, aparte de un contacto continuado, la sensibilización puede deberse a una única exposición a cantidades elevadas de una sustancia (por ejemplo una fumigación).

 

 

La prevalencia de la enfermedad varía en función del tipo y nivel de la carga tóxica corporal, el sexo y la edad, estimándose entre  0,5% y un 1% de la población, con un claro predominio femenino;  y es que la mujer tiene un mayor porcentaje de grasa corporal que el hombre, y es en la grasa donde se acumulan las toxinas.

La SQM presenta comorbilidades como el síndrome de fatiga crónica o la fibromialgia  y, una vez el individuo está sensibilizado, bastan unos niveles bajos de exposición para que estos síntomas se manifiesten. Además, una vez que la SQM se inicia, son frecuentes, entre otros, los problemas gastrointestinales, neurosensoriales y otros de carácter químico-ambiental.

Su diagnóstico no es fácil, como tampoco lo es su tratamiento, meramente paliativo, que recomienda, por pura sensatez y en la medida de lo posible, evitar la exposición a las sustancias desencadenantes.

 

 

La intolerancia químico-ambiental que provoca esta dolencia hace muy difícil la vida de los enfermos dado que las sustancias desencadenates de la SQM están presentes de forma casi constante en nuestro entorno: desde los productos de limpieza hasta los alimentos, teniendo especial relevancia los productos con perfumes sintéticos. Los medicamentos no son una excepción debido al empleo de excipientes, mayoritariamente de síntesis, en su fabricación.

Dado que la SQM aparece frecuentemente asociada a intolerancias alimentarias, excipientes como la lactosa o el almidón de trigo deben tenerse en cuenta, como también el hecho de la mayor reactividad que los afectados suelen presentar a proporciones que serían normales para otras personas.

La formulación magistral supone una herramienta de primer orden en el tratamiento de los enfermos de SQM que sufran una patología, relacionada o no con la enfermedad, ya que permite administrar medicamentos a medida del enfermo y evitar aquellos excipientes perjudiciales para ellos. También sabemos que la complejidad de la SQM puede llegar a comprometer la actividad de un principio activo o hacer que afecte al tratamiento del paciente. Por seguridad, y para cerciorarnos que el problema es el principio activo en sí y no los excipientes u otros factores, es por lo que resulta mucho más seguro usar medicamentos individualizados, especialmente en los casos de SQM grave.

También la elaboración de productos de higiene y cosméticos libres de perfumes, de ciertos conservantes o de cualquier otro componente perjudicial, tiene mucha importancia a la hora de facilitar el día a día de los enfermos de SQM. Es perfectamente compatible un cosmético de calidad con la ausencia o sustitución de ciertos excipientes: los aceites minerales pueden sustituirse por otros vegetales (preferiblemente ecológicos) y los parabenos por otros conservantes (o reducirlos al mínimo empleando, por ejemplo, envases dosificadores herméticos tipo airless). Así mismo los productos de higiene pueden formularse sin perfumes sintéticos -los cuales pueden sustituirse por esencias naturales- o sin tensioactivos agresivos, como el lauril sulfato sódico.

 

 

En general, es recomendable consensuar con el paciente no sólo la composición del producto sino también -según las intolerancias y gravedad de SQM del enfermo- el proceso de elaboración, el material de laboratorio a utilizar y el envasado (cápsulas vegetales, vidrio).

La SQM, que fue reconocida hace años como enfermedad en países como Alemania (2000) o Japón (2009), lo fue en España en 2014. Atrás quedaron los tiempos en que se consideraba una alergia, una intoxicación o incluso una enfermedad mental.

Herramientas como la formulación magistral, que se adapta a cada caso, sin duda supone una mejora en la calidad de vida de los afectados por esta enfermedad, muchas veces carentes de alternativa terapéutica. •

 

Luis Marcos Nogales
Farmacéutico y miembro de AEFF
Fuente: http://www.sensibilidadquimicamultiple.org

 

 

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