Sensibles inconvenientes

Diego Marro Ramón. Farmacéutico Comunitario.
Vocal de la Sociedad Española del Medicamento Individualizado

 

A veces conviene dar un paso atrás para reflexionar y poner las cosas en contexto. Nos hemos acostumbrado a vivir en el vértigo de lo por venir, a preguntarnos día a día cuál será el futuro de la profesión, si tendrá alguno, de dónde vendrá la próxima amenaza, hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos como colectivo para seguir siendo necesarios en el futuro.

Instalados en una vorágine de cambio y de novedad, lancemos por un momento el ancla, no para detenernos, sino para buscar consejo en el fondo rocoso de los clásicos, a salvo de la veleidad de los limos pasajeros, antes de proseguir. Hipócrates, Galeno o Dioscórides ya planteaban en el origen las cuestiones fundamentales sobre la relación terapéutica entre el práctico y la persona objeto de su arte. Pero no es necesario sumergirnos tanto. Hagamos un alto en el último tercio del S.XIX, por ser décadas cruciales para la farmacia, en las que se inicia la industrialización y estandarización del medicamento.

En 1870, el Dr. Jeannel, en su genial obra “Formulario Oficinal y Magistral Internacional”, analizando el contenido de la Farmacopea Francesa (Codex) publicada cuatro años antes, concluye que una colección de fórmulas obligatorias para todos los farmacéuticos debe tener por objeto:

1. Asegurar la reposición en todas las farmacias de ciertos medicamentos de uso general.
2. Servir de guía a los farmacéuticos a fin de que las mismas fórmulas usuales sean elaboradas por todos de la misma manera; y como consecuencia que las propiedades de los medicamentos que resulten sean idénticas en todas partes.

Sin embargo, también advierte de que, aunque a primera vista esta apuesta por la estandarización y la regulación pueda parecer cómoda, ‘como todos los reglamentos precisos emanados de la autoridad superior’, la farmacopea oficial también tiene ‘sensibles inconvenientes’:

“La sustitución de la ciencia y la prudencia de médicos y farmacéuticos por la prudencia de la administración deprime, a los ojos del público, las dos profesiones que concurren al ejercicio del arte de curar”.

“La libertad de ciencia pierde su dignidad. No hay ciencia oficial, ni ciencia reglamentada”. Sagaz y visionario, Dr. Jeannel.


No hay ciencia
oficial ni ciencia reglamentada


El propósito de las líneas que siguen es el de evidenciar la actualidad de estos ‘sensibles inconvenientes’ a propósito de un hecho ocurrido esta semana. El martes acudió a mi farmacia una señora con una receta de Daivobet pomada (calcipotriol 50 microgramos y dipropionato de betametasona 0,5 mg) para su marido, que tiene psoriasis. Me comenta que no encuentra el medicamento requerido en ninguna farmacia desde hace dos meses y a su marido es lo único que le alivia el problema, últimamente bastante agravado. Por suerte para ella, aquí en Aragón, en el Concierto de Prestación Farmacéutica firmado en 2014 entre el Gobierno y los COF, en el punto 1.1.2 del Anexo B dice lo siguiente:

“Cuando se produzcan desabastecimientos continuados de medicamentos insustituibles de elevado interés terapéutico por carecer de alternativa terapéutica, se podrá autorizar a las Oficinas de Farmacia a preparar y facturar con cargo al SALUD dichos medicamentos como fórmula magistral”.

Es una magnífica solución, tremendamente eficiente, a través de la cual se hace uso de un recurso profesional, científico y de la máxima calidad con que cuenta nuestro sistema, el farmacéutico formulista, para ayudar a paliar el sufrimiento innecesario de un gran número de pacientes.

Antes de comunicar a mi paciente la buena noticia, llamo al COF, para solicitar que autoricen la financiación. Tras consultarlo con Inspección, me devuelven la llamada. En este caso no es posible financiar el medicamento como fórmula magistral. La razón es que la Aplicación CIMA de la Agencia del Medicamento, aunque confirma el desabastecimiento prolongado y sine die del medicamento, informa de que “Existen otros medicamentos con el mismo principio activo y para la misma vía de administración.”

Palabras arbitrarias e insustanciales en una web oficial del Ministerio de Sanidad que, sin embargo, son Ciencia para los CIM y Ley para inspección de farmacia. La realidad es que no existe ningún medicamento con los mismos principios activos y la misma forma farmacéutica. Existe en gel y en espuma, pero no en pomada. Y no hace falta ser un Nobel de la galénica para saber que no aporta la misma oclusividad, por ejemplo, un gel o una espuma que una pomada, y que esta propiedad puede ser terapéuticamente relevante en el caso de una psoriasis, como confirman en este caso concreto tanto la dermatóloga como el propio paciente, autoridad en la materia, después de convivir largos años con su patología y de usar todos estos remedios. Nada le funcionaba igual que esta pomada.

De nada importa la opinión del paciente, ni la del clínico que le trata. La sentencia está dictada. Nadie cambiará el criterio. Frente a este muro de incomprensión e irracionalidad recordé las advertencias del Dr. Jeannel contra los ‘sensibles inconvenientes’ de la estandarización y regulación de la terapéutica, citadas al principio del artículo.

No se me hubiera ocurrido llamar al COF antes de elaborar el medicamento en mi laboratorio si no hubiera sido por conseguir, como considero de justicia, que la administración financie el medicamento para el paciente, en condiciones de igualdad con respecto a la especialidad desabastecida. Ya que el precio del remedio determina muchas veces la adherencia terapéutica del paciente o, como escribe el Dr. Jeannel en su Formulario, de forma más cruda y directa: “A los pobres no se les debe prescribir medicamentos de un precio elevado; cuando sea posible deben reemplazarse por agentes de iguales propiedades y de precio inferior”. O financiarle el más adecuado…

Y este pobre paciente de psoriasis me permite trasladarte, querido lector, la siguiente pregunta: ¿Crees que hay un debate de mayor urgencia y actualidad para nuestra profesión que el que nos proponía del Dr. Jeannel en 1870? ¿No debería la administración confiar más en la ciencia y la prudencia de médicos y farmacéuticos, para devolver la dignidad a la libertad de ciencia, por el bien de los pacientes y por ejemplo dejar de considerar sistemáticamente a la formulación magistral como el último recurso?

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