Las Plantas medicinales como agentes inmunoestimulantes

Mª Concepción Navarro Moll
Presidenta de INFITO

 

Introducción

Frente al ataque de distintos agentes patógenos (bacterias y/o virus, como es el caso de los causantes de los procesos catarrales y gripales) el organismo dispone de dos tipos de mecanismos, correspondientes a la inmunidad innata y a la adaptativa. La inmunidad innata se basa en la activación tanto de una serie de moléculas preformadas (las proteínas del complemento), como de células (fagocitos -monocitos/macrófagos y neutrófilos-  y mastocitos) que tienen receptores innatos para múltiples patógenos, y es capaz de combatir con gran eficacia la infección desde el mismo momento de su inicio y durante sus primeras fases (aproximadamente de 0-5 días). Si estos mecanismos no consiguen eliminar la infección, al menos la mantienen bajo control mientras se desarrollan (aproximadamente en una semana) los mecanismos de la inmunidad adaptativa (figura 1).

 

 

Sin embargo, a pesar de estos mecanismos de defensa, son muy amplias las capas de población que contraen infecciones respiratorias. En este sentido, según los datos procedentes de una encuesta realizada por INFITO en 2015, en la que participaron voluntarios de todas las CC.AA. de nuestro país, más del 90% de la población española padece dos o más episodios catarrales a lo largo del año, con el consiguiente malestar e incapacidad para desarrollar una vida normal, y ello sin contar con las complicaciones que pueden acontecer en determinados pacientes.

La pregunta que se plantea es: ¿se dispone de preparados que tengan la capacidad de potenciar la respuesta inmune y que a la vez sean seguros?

Hoy por hoy se sabe que la administración de productos inmunoestimulantes de origen natural o sintético facilita la respuesta inmunológica por mecanismos específicos o inespecíficos, unas veces por incremento de los mediadores implicados, otras por el aumento del número de fagocitos o la estimulación de sus funciones, mejorando la respuesta inmune del individuo frente a situaciones de riesgo infeccioso. Por ello, en periodos previos a épocas caracterizadas por un aumento de los procesos respiratorios catarrales o gripales, parece recomendable la administración de preparados farmacéuticos capaces de aumentar la resistencia inmunitaria, dentro de los cuales se encuentran los procedentes de distintas plantas medicinales.

 

Plantas medicinales inmunoestimulantes

La planta medicinal más relevante de este grupo es la equinácea, si bien recientemente se han introducido otras especies de gran interés.

Con el nombre de equinácea se agrupan varias especies del género Echinacea (E. purpurea, E. palida y E. angustifolia). Figura en Estados Unidos como una de las tres plantas medicinales de mayor uso y está incluida en la Farmacopea Europea.

Los preparados de equinácea aumentan la fagocitosis por macrófagos, la activación del sistema del complemento y la producción de anticuerpos. La actividad inmunoestimulante se asocia con los polisacáridos hidrosolubles, ácidos fenólicos libres o esterificados (equinacósido, entre otros), compuestos poliénicos e isobutilamidas. Se comporta también como antibacteriana y antiviral, disminuyendo la propagación de agentes infecciosos por inhibición de la hialuronidasa tisular y bacteriana.

 

A partir de los ensayos clínicos realizados se deduce que los extractos de equinácea, administrados al principio del proceso respiratorio, parecen acortar la duración y severidad de los catarros y otras infecciones del aparato respiratorio. Parece probable que, como consecuencia de su propio mecanismo de acción, la equinácea muestre su máxima eficacia en pacientes cuyo sistema inmune se encuentre comprometido, es decir, en aquellos individuos que presentan una mayor frecuencia de episodios de resfriados u otros procesos víricos. Se ha comprobado que la equinácea no proporciona beneficios frente a placebo en cuanto a la severidad y duración de los síntomas en procesos catarrales en jóvenes sanos, debido probablemente a que, en personas altamente saludables, el sistema inmune es competente.

Hay que tener en cuenta que, además del estado del sistema inmune, la eficacia de la equinácea depende en gran medida del tipo de preparado empleado, que siempre deberá ser normalizado, y del momento de la administración, que deberá ser en los inicios del proceso infeccioso.

En lo relativo a su seguridad, los preparados de equinácea carecen prácticamente de toxicidad por vía oral. Al no existir estudios suficientes por vía parenteral, se desaconseja su administración por esta vía. Como todas las especies de la familia Asteraceae, puede causar reacciones de hipersensibilidad en personas sensibles. Ocasionalmente se ha descrito la aparición de trastornos abdominales leves.

 

 

Su administración a enfermos autoinmunes e inmunodeprimidos debe realizarse con precaución, preferentemente bajo control médico. La acción inmunoestimulante de la equinácea podría plantear interacciones con terapias inmunosupresoras, por lo cual, como medida precautoria, no debe asociarse a tratamientos con corticoides, inmunosupresores o citostáticos.

Aunque no se han observado efectos adversos tras su administración a largo plazo, la presencia de alcaloides pirrolizidínicos desaconseja su empleo continuado durante periodos superiores a ocho semanas. Su uso concomitante con alcohol o fármacos hepatotóxicos puede potenciar la hepatotoxicidad de los alcaloides pirrolizidínicos en tratamientos prolongados.

Otro producto de interés es el própolis, que corresponde a las resinas y secreciones que cubren las yemas de distintas especies vegetales (abedul, castaño, sauce, aliso, distintas coníferas…) y que son recolectadas por las abejas. Tiene sabor acre y olor agradable y dulce. El própolis es conocido desde la antigüedad, de forma que ya Aristóteles lo consideraba como “remedio para las infecciones de la piel, llagas y supuraciones…”.

En su composición influyen distintos parámetros: especies vegetales sobre las que se realiza su recolección, zonas de procedencia y variaciones climáticas, entre otros. Los flavonoides, junto con los ácidos fenoles son los principales componentes del própolis y constituyen más del 50% de su total. Entre los ácidos fenoles destacan los derivados del ácido caféico, en particular el fenetil éster del ácido caféico y la artepilina C. Estos dos compuestos han mostrado ser activos sobre el sistema inmune a través de la inhibición del NF-κB (factor nuclear κB), que modula la respuesta inmunológica dependiente de las células T; al mismo tiempo produce un incremento de las interleucinas IL-2 e IL-4. En términos generales, los preparados de própolis son también activos frente a bacterias G (+). A su vez, el fenetil éster del ácido cafeico ha demostrado in vitro actividad antiviral.

Los resultados obtenidos hasta el momento hablan a favor de su uso en personas afectadas por procesos infecciosos del tracto respiratorio y vías urinarias. Al exterior, los preparados de própolis pueden ser empleados en forma de nebulizado u otras formas galénicas en el tratamiento tópico de afecciones de la garganta y en distintas afecciones dermatológicas.

En cuanto a su seguridad, un pequeño porcentaje de la población es alérgica al própolis y otros productos en cuya elaboración intervienen las abejas (miel, polen, jalea real…). Este problema surge, por norma general, en personas que han mostrado previamente reacción alérgica a las picaduras por abejas, así como en las que muestran alergias a otros productos apícolas y en las afectadas por determinados procesos (asma bronquial, diabetes, urticaria…). En estos casos se recomienda iniciar de forma paulatina el tratamiento con el fin de evitar una reacción indeseada. En todo caso y como norma general, se aconseja instaurar paulatinamente el tratamiento. Su toxicidad por vía oral es baja. Los efectos secundarios (sequedad de boca, somnolencia, mareos, molestias en el epigastrio) son escasos y aparecen en raras ocasiones.

A partir de las formas líquidas del própolis se elabora una amplia gama de productos que contemplan distintas formas de administración: cápsulas, ampollas bebibles, jarabes, gotas, nebulizadores, etc.

Pelargonium sidoides, conocido como geranio africano o pelargonio, es originario de África del Sur, donde se utiliza tradicionalmente por diversas etnias en el tratamiento de afecciones respiratorias. Se emplean los órganos subterráneos, desecados, generalmente fragmentados de Pelargonium sidoides DC. y/o Pelargonium reniforme Curt (Farmacopea europea). Se encuentra comercializado un extracto normalizado de la raíz, Eps® 7630, comúnmente conocido como Umckaloabo.

Su actividad inmunomoduladora se atribuye a la presencia de cumarinas y de otros componentes fenólicos; la actividad antibacteriana y antiviral parece implicar asimismo a los fenoles, incluyendo los ácidos gálicos, mientras que las proantocianidinas actuarían inhibiendo la adhesión de los microorganismos a las paredes de las vías aéreas.

Su actividad antimicrobiana, antifúngica, antiviral, sobre el sistema mucociliar e inmunomoduladora, ha sido constatada en distintos ensayos clínicos, la mayor parte de los cuales se han llevado a cabo con el extracto comercializado (Eps® 7630). Dicho extracto reduce significativamente los síntomas de la bronquitis aguda, en comparación con el placebo, sin originar efectos adversos importantes. En consecuencia, los preparados de pelargonio pueden recomendarse en el tratamiento de problemas respiratorios (bronquitis aguda o exacerbación de bronquitis crónica, resfriado común, rinosinusitis, etc.), tanto en adultos como principalmente en niños.    

No se han descrito contraindicaciones, interacciones o efectos adversos importantes tras su utilización, más allá de los derivados de procesos de hipersensibilidad individual.

Otro producto a considerar son los β-glucanos procedentes del hongo Pleurotus ostreatus, para los cuales ha sido demostrado en un ensayo clínico doble ciego, frente a placebo, que en niños con infecciones respiratorias recurrentes, reduce de forma significativa la frecuencia de las mismas, debido fundamentalmente a su actividad inmunomoduladora, probablemente a través de su actuación sobre las células NK, junto con su capacidad para unirse a los receptores para el reconocimiento de patrones asociados a patógenos (PRR) e incrementando la expresión de genes implicado en la inmunomodulación.

Existen otras plantas medicinales, no incluidas en la fitoterapia oficial, que son objeto de uso como inmunoestimulantes en medicina tradicional, tales como las raíces de Astragalus membranaceus, Withania somnifera y Scutellaria baicalensis, los frutos de Schizandra chinensis, además del hongo Poria cocos empleado por sus propiedades inmunoestimulantes y antiinflamatorias en la medicina tradicional china.

Se puede concluir por tanto que la fitoterapia brinda, al igual que en otras áreas, distintos productos con importantes posibilidades terapéuticas a la hora de enfrentar los procesos catarrales y gripales.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN

  • Ardjomand-Woelkart K, Bauer R. Review and Assessment of Medicinal Safety Data of Orally Used Echinacea Preparations. Planta Med. 2016 ;82: 17-31.
  • Bao Y, Gao Y, Koch E, Pan X, Jin Y, Cui X. Evaluation of pharmacodynamic activities of EPs® 7630, a special extract from roots of Pelargonium sidoides, in animals models of cough, secretolytic activity and acute bronchitis. Phytomedicine. 2015 ; 22:504-509.
  • Barnes J, Anderson LA, Gibbons S, Phillipson JD. Echinacea species (Echinacea angustifolia (DC.) Hell., Echinacea pallida (Nutt.) Nutt.,Echinacea purpurea (L.) Moench): a review of their chemistry, pharmacology and clinical properties. J Pharm Pharmacol. 2005;57: 929-954.
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  • http://www. revistaacofar.com/revista/artículos-científicos/fitoterapia/equinacea: aumentar las defensas, naturalmente.

 

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