La nutrición infantil: de los 4 a los 17 años

Magda Rafecas. Doctora en Farmacia
Profesora de Nutrición y Bromatología
Universidad de Barcelona

 

Quizá el título de este artículo sorprenda. Esto se debe a que nos centraremos en unas determinadas  franjas de edad que dejan a un lado, por la franja inferior, a los bebés y niños de corta edad y, por la parte superior,  a los adultos jóvenes cuya edad se sitúa entre los 18 y 24 años. En este sentido y para determinar los segmentos de edad, nos centraremos en la distribución que realiza la Unión Europea (UE) sobre dichos segmentos, por ello puede ser que éstos no coincidan con las propuestas del Institute of Medicine – USA,  por lo que de aquí en adelante nos referiremos tan sólo a lo legislado por la Comisión Europea.  Dejar fuera  a los bebés y niños de corta edad es una cuestión del tratamiento nutricional que se da en bebés de 0 a 12 meses y niños de corta edad de 1 a 3 años, en estas dos franjas de edad se trabaja con Ingestas Adecuadas  (AI), recordemos que las cifras  que se barajan bajo el epígrafe de Ingesta Adecuada (AI) no poseen un consenso científico absoluto por lo que  estas cifras se deben consensuar con la opinión del pediatra que lleve al bebé. El sentido de agrupar a los adultos jóvenes,  de entre los 18 y 24 años de edad, es una cuestión también nutricional, puesto que existen nutrientes que aún se depositan en el organismo en esta franja de edad, como es el caso del calcio.

Para establecer los valores PRIs (del inglés Ingesta de la Población de Referencia), valor manejado para establecer las necesidades nutricionales en Europa, para los niños se divide en las dos siguientes franjas de edad: de 4 a 10 años y de 11 a 17 años, por lo que cada segmento de edad tiene sus propias PRIs y, consecuentemente,  no se pueden aplicar indistintamente, puesto que al hacerlo podrían haber carencias nutricionales.

 

 

Partiendo de la base de la tablas de crecimiento elaboradas por Dña. Begoña Sobradillo et al. para la Fundación Orbegozo, en las que se establecen los percentiles de medidas antropométricas, en especial y para este artículo, las gráficas de ganancia de peso en los niños. Así, el farmacéutico puede interpretar cuando un niño no está en el peso ideal y se necesita un complemento para ayudarle en su crecimiento y, también, aconsejar  a la madre cuando le han comentado, bien que el niño “no crece” lo suficiente o bien que el niño “no come”.

Ambas franjas de edad se caracterizan por el crecimiento de la masa muscular y de los huesos,   acompañados  del desarrollo  metabólico y cognitivo del niño, por lo que debemos atender a cubrir los nutrientes involucrados en este proceso.

La energía debe ser aportada por los hidratos de carbono a partir de los 4 años, siendo necesarios unos 130 g/día de glucosa, lo cual indica que no hace falta tomar azúcar, sino que cualquier disacárido que aporte dicha glucosa. Añadir que a los niños intolerantes a la lactosa (glucosa+galactosa) se les debe suministrar también la galactosa, puesto que es absolutamente necesaria para sintetizar galactolípidos básicos en la  función cerebral: neuronal y no-neuronal y generación de neurotransmisores.  Usualmente la galactosa se introduce en forma de galactooligosacáridos (GOS), tipo de prebióticos que siendo reiterativos son de obligada ingesta para los niños con intolerancia a la lactosa.

También en estas etapas es básico cubrir las necesidades de proteínas y de aminoácidos esenciales en los niños. El crecimiento de la masa muscular hace que en los niños desde los 6 meses a los 18 años el organismo se sitúe en “Balance de Nitrógeno” positivo (BN+), es decir, el organismo retiene más proteínas que las que quema, puesto que necesita Nitrógeno para la síntesis de proteínas orgánicas,  por ello es necesario cubrir dichas necesidades. Así, en opinión de la EFSA-2012, los niños deben consumir 0.66 g de proteína de buena calidad por Kilo de peso corporal, que al aplicar las Tablas de la Fundación Orbegozo, antes comentadas, sabremos la cantidad total de proteínas que se necesitan para cada grupo de edad y peso específico, teniendo en cuenta que los niños de bajo peso deberían incrementar su consumo, según el peso que les correspondería.

Las proteínas, además, aportan nitrógeno y azufre, básicos para el desarrollo del niño. Por otro lado, es necesario que la dieta también contemple el aporte de aminoácidos esenciales,  la clasificación vigente  sigue la recomendaciones Laidlaw y Kopple, que clasifican los aminoácidos en totalmente esenciales: Lisina y Treonina,  los indispensables por la cadena carbonada, Histidina, Leucina, Isoleucina, Metionina, Fenilalanina, Triptófano y Valina, mientras que el resto de los aminoácidos no son esenciales, puesto que pueden ser sintetizados a partir de la glucosa, cuya fuente puede ser los hidratos de carbono.  La mayoría de los aminoácidos esenciales se encuentran en fuentes de origen animal, carnes y aves.

 

 

Aquí debemos mencionar, que una alimentación vegana estricta no puede cubrir adecuadamente las necesidades proteicas y las necesidades de aminoácidos esenciales, por lo cual se debería insistir en que padres veganos no inculquen esta alimentación en niños y adultos jóvenes hasta los 18 años de edad.  

Respecto a las grasas las recomendaciones en porcentajes se situarían alrededor del 25% al 30% de la ingesta energética, valores más bajos que en los primeros estadios de la vida. Recordemos que para los ácidos grasos se utilizan las Ingestas Adecuadas (IA) que no poseen un valor de consenso tan alto como las PRI, por ello estas cantidades pueden variar en función del organismo que publique estos datos. Así para la EFSA, la ingesta de ácido linolénico se sitúa de los 4 a 8 años en 0,9 g/día; para la franja de edad  entre 9 a 13 años 1,2 g/día para niños y 1,0 g/día para niñas y, finalmente, en la franja de 14 a 18 años, 1,6 g/ día para los chicos y 1,1g/día para las chicas, por lo que queda claro que la formulación en este aspecto debería adecuarse a la franja de edad.

Por otro lado, en las primeras etapas es necesario aportar DHA y EPA, ambos imprescindibles para el desarrollo cognitivo y función cardíaca. Como metabólicamente su síntesis es difícil por la falta de efectividad del primer enzima que actúa en la serie homóloga de los ácidos grasos omega-3, la Δ-6 desaturasa (D-6-D), que actuaría a nivel de linolénico, la mejor opción y, en este punto el farmacéutico tiene que aconsejar a la madre, es que se den en forma directa, es decir en forma de EPA y DHA, y no optar por el ácido linolénico, precursor de ambos, que es el que se encuentra en frutos secos y algunos aceites. También aconsejar como aceite de uso el aceite de oliva, puesto que otros tipos de aceites, como son los de semillas, son ricos en omega-6 y potencian la inflamación orgánica a edades tempranas, con lo que supone de riesgo en procesos inflamatorios,  enfermedades cardiovasculares o  procesos cognitivos.

De los micronutrientes comentar aquellos más implicados en las etapas de crecimiento.

El calcio es imprescindible en el desarrollo de los huesos. Posee así mismo una AI que para la franja de 4 a 10 años es de 800 mg/día, y de 11 a 17 de 1150 mg/día. Otro nutriente imprescindible en el desarrollo del hueso y formador del ATP es el fósforo, también y siguiendo la EFSA, posee una IA de 250 mg/día para la franja de 4 a 10 años, y de 640 mg/día para la franja de 11 a 17 años.

El hierro, que forma parte de la hemoglobina y es requerido en procesos de memoria y aprendizaje, según la EFSA posee un PRI (es decir, existe un consenso claro sobre la cantidad a ingerir). Así, para la franja poblacional de 1 a 6 años es de 7 mg/día, de 7 a 11 años 11 mg/día, y a partir de los 12 años hasta los 17 se divide, para los chicos continúa siendo de 11 mg/día y para las chicas de 13 mg/día, debido a su entrada en la pubertad. Otro elemento a tener en cuenta en estas edades es el Zn, su papel relevante en el sistema inmunológico hace que la PRI sea de 2,4  mg/día en la franja de 4 a 10 años, y llega a 11,8 mg/día en la franja de 11 a 17 años.

Respecto a las vitaminas hidrosolubles, destacar el fólico y la vitamina B12, ambas involucradas en procesos de aprendizaje y memoria. Sus PRI son las siguientes: para el fólico de 120 μg / día de equivalentes folato en la franja de edad menor, y de 330 μg / día de equivalentes folato en la franja superior. Para la vitamina B12 se establecería los siguientes PRI: de 1,5 μg / día y 4 μg/día, respectivamente.

De las vitaminas liposolubles destacar la deficiencia generalizada de vitamina D. En este caso la EFSA en su reciente publicación de final de octubre de 2016, asigna a la vitamina D una IA de 15 μg/día, siendo la misma IA para toda la franja de edad de 1 a 17 años. Recordemos que la vitamina D se encuentra en alimentos grasos, huevo, aceite de hígado de bacalao y que muchas veces se obvian estos alimentos para no introducir muchas grasas  en la comida, por ello es también uno de los nutrientes que el farmacéutico podría aconsejar en forma de complemento alimenticio.

Finalmente, y como se puede comprobar, los complementos alimenticios en estas dos franjas de edad  deberían diseñarse por separado, dadas las diferencias de valores que existen.

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