Colágeno tisular y consecuencias de su pérdida

 

 

Descripción

El colágeno es la proteína más abundante del cuerpo humano (del 25 al 30% de su proteína total) y la más extendida en el mismo. Forma la estructura de todos los tejidos del sistema locomotor: huesos y demás elementos que forman la articulación (cartílagos, ligamentos y tendones), y del sistema de protección: piel y fascias de tejido conectivo que envuelven y protegen músculos y órganos.

También se encuentra en la pared de los vasos sanguíneos, córnea ocular, cuero cabelludo, encías y dentina.

Los tejidos cuya estructura está formada por colágeno reciben el nombre de tejidos “colagenosos”.

 

Estructura y función

La proteína colágeno aporta forma, resistencia, flexibilidad y grosor a los tejidos orgánicos. Está específicamente adaptada para facilitar las funciones locomotoras (sistema osteoarticular), proporcionar protección y cohesión interna (tejido conectivo), así como protección y forma externa al organismo (piel). Además, colabora con el sistema inmunitario, actuando de barrera frente a infecciones y microorganismos patógenos.

Para desempeñar estas funciones, el colágeno adopta una estructura fibrilar muy especial cuya unidad básica, la molécula de procolágeno, consiste en una triple hélice formada por tres cadenas polipeptídicas de unos 1.000 aminoácidos cada una.

Estas triples hélices de procolágeno se enlazan por los extremos y se alinean entre sí, originando largas microfibrillas que, a su vez, se reúnen en haces formando fibrillas, las cuales se disponen en paralelo dando lugar a gruesas fibras de colágeno, lo que las hace extraordinariamente resistentes.

 

Síntesis del colágeno tisular

El cuerpo dispone de células especializadas en la elaboración de colágeno, específicas de cada tejido (condrocitos en el tejido cartilaginoso, osteoblastos en el óseo y fibroblastos en el dérmico y conectivo).

Aunque el colágeno es una proteína extracelular, las primeras etapas de su formación tienen lugar en el interior de la célula. Los ribosomas del retículo endoplasmático captan y ensamblan los aminoácidos que le llegan vía alimentaria, constituyendo cadenas polipeptídicas que se enlazan de 3 en 3 para formar las triples hélices de procolágeno.

Estas son exocitadas al exterior de la célula, donde maduran, transformándose en tropocolágenos por la acción de una enzima que abre sus terminales, lo que les permite enlazarse entre sí y alinearse formando microfibrillas, fibrillas y, finalmente, gruesas y resistentes fibras de colágeno.

 

Tipos de colágeno tisular

Según la longitud y grosor de sus fibras, se han diferenciado más de 20 tipos de colágeno tisular o nativo. En un mismo tejido pueden coincidir varios tipos. El 95% del colágeno existente en el cuerpo humano corresponde al tipo I y el 99% está constituido por los grupos del I al V que se ubican, entre otros, en los siguientes tejidos:

  • Tipo I: dermis, hueso, tendón, dentina y córnea.
  • Tipo II: cartílago, núcleo pulposo de los discos intervertebrales, humor vítreo del ojo.
  • Tipo III: tejido conectivo laxo, paredes de los vasos sanguíneos, dermis, órganos expandibles (pulmón, hígado) y estroma glandular.
  • Tipo IV: lámina basal de los epitelios, riñones y otros órganos internos.
  • Tipo V: tejido intersticial, cabello y placenta.

Además, las fibras de colágeno se entrelazan formando entramados muy resistentes a las fuerzas de tracción. Dichos entramados adoptan diferentes disposiciones según la función del tejido del que forman parte. Así, presentan el aspecto de “cestos de mimbre” en la piel, para oponerse a la tracción ejercida en múltiples direcciones; de “muelles” en el cartílago, para resistir presiones fuertes e intermitentes; de “haces paralelos” en ligamentos y tendones, para soportar el estiramiento en una sola dirección; de “red tridimensional” en el hueso, aportando forma y sirviendo de soporte a las sales de calcio. También en la córnea, para proporcionarle forma, permitiendo el paso de la luz.

 

 

Consecuencias clínicas de la pérdida de colágeno

El deterioro del colágeno tisular ocasiona la pérdida de grosor, resistencia y funcionalidad de los tejidos colagenosos. Dada la abundancia e importancia de estos tejidos en el organismo, su pérdida y degradación origina diversas y notorias alteraciones orgánicas: reducción de la movilidad, mayor vulnerabilidad frente a lesiones y fracturas, y un aumento de las posibilidades de desarrollar enfermedades degenerativas relacionadas, como la artrosis y la osteoporosis.

Así, muchos síntomas asociados al envejecimiento físico tienen su origen en el deterioro y desaparición de las fibras de colágeno y, entre otros, son:

  • Desgaste, molestias y dolor articular (artrosis).
  • Pérdida de masa ósea y consiguiente descalcificación y fragilidad del hueso (osteopenia y osteoporosis).
  • Afecciones músculo-tendinosas y ligamentosas.
  • Envejecimiento dérmico.

 

Causas de la pérdida de colágeno

En torno a los 25 años, la capacidad de síntesis de colágeno por parte de las células especializadas (condrocitos, fibroblastos, osteoblastos...) comienza a disminuir de forma espontánea y progresiva. En consecuencia, la cantidad de colágeno tisular se va reduciendo paulatinamente con la edad. Se estima que, entre los 25 y 50 años, el organismo humano pierde un 1,5% anual de colágeno, de modo que al llegar a los 50 años ha perdido más del 35% del colágeno tisular.

Una regeneración más lenta y dificultosa de los tejidos colagenosos da progresivamente paso a un estado de mayor deterioro, peor movilidad y mayor vulnerabilidad. Sin embargo, la edad no es la única causa de pérdida de colágeno. Existen otros factores de riesgo capaces de acelerarla:

  • Deporte y ejercicio físico: la práctica deportiva o de ejercicio físico intensivo y continuado conduce a un desgaste acelerado del colágeno de articulaciones y sistema músculo-tendinoso, originando articulaciones prematuramente envejecidas en personas aún jóvenes, así como una serie de patologías asociadas, como las artrosis prematuras que presentan una alta prevalencia entre los deportistas.
  • Menopausia: la disminución de los niveles hormonales, propia de esta fase de la vida de la mujer, acelera fuertemente la pérdida de colágeno tisular.
  • Sobrepeso: comporta una sobrepresión y desgaste excesivo del cartílago de la rodilla (gonartrosis) y otras articulaciones inferiores.
  • Traumatismos: también contribuyen a originar una cicatrización o desgaste anómalo o acelerado de los tejidos colagenosos.

 

Pérdida de colágeno y dolor articular (artrosis)

Las articulaciones son zonas de unión entre huesos, que facilitan el movimiento. Los extremos óseos (epífisis) involucrados se encuentran recubiertos por el cartílago, tejido firme y elástico que evita el roce entre los huesos de la articulación cuando ésta se mueve, y también absorbe los impactos y presiones que sufre. Otros elementos que componen la articulación son los ligamentos y tendones, formados por bandas de tejido conectivo, fuerte y elástico. Los primeros unen los huesos de la articulación entre sí, aportando estabilidad, y los segundos unen los músculos que controlan los movimientos de la articulación con los huesos.

La estructura de todos los tejidos de la articulación está formada por fibras de colágeno, que les proporcionan resistencia y flexibilidad.

El colágeno constituye el 67% del peso seco del cartílago y el 86% del de los tendones.

Con el paso de los años y otros factores como el sobreuso, el sobrepeso o los traumatismos, el colágeno que conforma el cartílago se deteriora. Como resultado, éste tejido pierde progresivamente su grosor y consistencia pudiendo llegar a desaparecer, lo que provoca que los extremos óseos rocen entre sí, se deformen y produzcan dolor. Este proceso erosivo dura años. Empieza originando molestias intermitentes y puede acabar siendo muy doloroso e invalidante. Es lo que conocemos como artrosis.

La artrosis es la enfermedad articular con mayor prevalencia en la población adulta, cuya incidencia aumenta con la edad. Su gravedad se debe a que es crónica, degenerativa, dolorosa y compromete seriamente la movilidad y la calidad de vida de las personas que la padecen.

Presenta gran incidencia entre los deportistas, los mayores de 45 años, en especial las mujeres y las personas con sobrepeso (por sobrepresión del cartílago de las articulaciones inferiores) o sedentarias (por desnutrición articular ocasionada por la falta de movimiento).

 

Pérdida de colágeno y osteoporosis

Al nacer, la estructura de los huesos está formada por una matriz (red tridimensional) de colágeno poco calcificado, a pesar de lo cual los huesos de los recién nacidos y de los lactantes son flexibles pero muy resistentes. Durante la infancia, las sales de calcio aportadas por la leche materna o los alimentos se fijan a esta matriz de colágeno, endureciéndola.

Al llegar a la madurez, el hueso va perdiendo gradualmente gran cantidad de las fibras de colágeno que forman su matriz y las sales cálcicas que soportaba se van desprendiendo, originando la descalcificación. Como resultado, el hueso pierde densidad, y se va adelgazando y fragilizando. Este proceso transcurre sin dolor, hasta que el hueso está tan débil que se fractura espontáneamente o con gran facilidad (osteoporosis).

Para combatir la descalcificación, resulta poco eficaz suplementar la dieta únicamente con calcio y vitamina D, ya que el calcio ingerido no se puede fijar si no existe una matriz de colágeno en condiciones. Además, el exceso puede depositarse en lugares poco convenientes de nuestro organismo (riñones, arterias…).

 

 

Pérdida de colágeno y envejecimiento dérmico

La piel está formada por tres capas (epidermis, dermis e hipodermis). La capa central, más gruesa y activa, es la dermis, y sus componentes fundamentales son las fibras de colágeno (95% de su peso seco) y elastina (3% de su peso seco).

La piel se asemeja a un colchón, en el que las fibras de colágeno actúan como muelles. Cuando los muelles ceden, el colchón adelgaza y se deforma, y su superficie se arruga. Del mismo modo, cuando se pierde colágeno, la piel pierde grosor y tersura, y aparecen las arrugas dérmicas.

 

Pérdida de colágeno y mayor vulnerabilidad frente a lesiones músculo-tendinosas (LMT) y ligamentosas

El colágeno forma la estructura de las fascias musculares profundas de tejido conectivo, que envuelven y protegen cada fibra muscular (endomisio), cada haz de fibras musculares (perimisio), la totalidad del músculo (epimisio), así como las fascias que agrupan grupos musculares. Las fascias musculares convergen en el tendón, que sujeta el músculo al hueso.

A medida que el colágeno del tendón y las fascias musculares se va deteriorando, estos tejidos pierden resistencia y se vuelven más vulnerables frente a traumatismos y lesiones músculo-tendinosas (LMT) y ligamentosas.

En cualquier actividad física, las fibras musculares y las fibras colagenosas de tejido conectivo trabajan en equipo, de modo que la pérdida de colágeno afecta al rendimiento de los músculos y la potencia de éstos sólo es efectiva si existe un tejido conectivo con la resistencia suficiente para canalizarla. En caso contrario, el riesgo de aparición de LMT es muy elevado.

 

Colágeno Hidrolizado oral (CH)

Para que el colágeno nativo pase a ser un nutriente proteico asimilable es necesario someterlo a gelatinización, seguida de una hidrólisis avanzada. Así se obtiene el colágeno hidrolizado (CH), cuyo PM medio está entre 3.000 y 5.000 Daltons, lo que permite que su absorción a nivel intestinal supere el 80% a las 6 h de la ingesta (63) y el 95 % a las 12 h (42) , según demuestran los estudios de biodisponibilidad.

Para que sea asimilable, el CH  ha sido sometido a un intenso proceso de fragmentación, por lo que ya no forma fibras. Por tanto, podremos decir que un determinado CH proviene de un colágeno tipo I, II, etc. pero nunca que es de un tipo determinado, porque ya ha perdido su tipología.

El CH es la forma más asimilable de colágeno. Se obtiene a partir de tejidos animales ricos en esta proteína (piel, huesos, espinas, escamas…) de origen porcino, vacuno, pollo, pescado, etc. Elaborado mediante un proceso que asegure su pureza, máxima seguridad alimentaria y facilidad en la toma de la cantidad eficaz (10 gramos), el CH es la fuente de colágeno asimilable más adecuada para la dieta diaria.

Actualmente se dispone de más de 80 artículos científicos (algunos de los cuales citamos a continuación) que vendrían a sustentar que complementar la dieta con una ingesta diaria de 10 gramos de colágeno hidrolizado oral (muy asimilable) contribuye a mantener el buen estado del colágeno tisular, así como de la matriz extracelular. Consecuentemente, es un hábito de vida saludable, y una ayuda alimentaria natural y eficaz para prevenir y tratar enfermedades relacionadas con la pérdida de colágeno, como la artrosis y la osteoporosis, así como lesiones músculo-tendinosas y ligamentosas, favoreciendo además la evolución de las intervenciones traumatológicas, estéticas y de implantes, entre muchos otros posibles beneficios.

 

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Mª Teresa Figueres
Licenciada en Biología

 

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