Tiempos Recios

Eladio González Miñor
Presidente de FEDIFAR

 

Recientemente, Mario Vargas Llosa, adelantaba en la primera edición de la jornada ‘Cruce de Caminos’ celebrada en Madrid bajo el auspicio de Banco Caminos y Bancofar, con el patrocinio, entre otros, de Bidafar-ma y Unnefar, el título de su próxima novela, Tiempos Recios, que verá la luz el próximo 8 de octubre. El Premio Nobel de Literatura en 2010 toma prestada para su decimonovena novela una cita de Santa Teresa de Jesús, que se refería con esos ‘tiempos recios’ a la época convulsa que le tocó vivir a la mística carmelita, unos tiempos convulsos no exentos de novedades.

El sector farmacéutico en España está instalado desde hace tiempo en unos ‘tiempos recios’ que hoy en día padecemos y superamos como buenamente podemos todos los que formamos parte de la cadena de suministro del medicamento. No hay más que recordar cómo se inició este siglo XXI, con la aprobación del Real Decreto Legislativo 5/2000, que abrió la puerta a una serie de recortes que han afectado seriamente a todos los actores de la cadena del medicamento. Muchas de estas medidas, adoptadas en un principio con un carácter provisional, se han ido enquistando y cronificando, solapándose unas a otras en un carrusel de actuaciones orientadas siempre hacia el mismo objetivo: incidir sobre el denominado gasto farmacéutico (personalmente prefiero verlo en términos de inversión en salud).

Casi dos décadas después de ese RDL 5/2000 los ‘tiempos recios’ siguen presentes en el sector. En las últimas fechas, por ejemplo, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) publicó el segundo Estudio de su Spending Review, centrado en la evaluación del gasto público en recetas dispensadas en oficia de farmacia, en el que se hacen una serie de recomendaciones al Gobierno para propiciar ‘ahorros’ en esta partida presupuestaria. Son cantos de sirena que, a diferencia de Ulises en regreso a casa tras la guerra de Troya, cuentan con los oídos abiertos de muchos responsables de las administraciones públicas.

Entre las medidas que propone la AIReF, una de las más controvertidas es la propuesta de establecer una subasta de medicamentos a escala nacional. Desde la Federación de Distribuidores Farmacéuticos (FEDIFAR) que presido siempre hemos sido muy claros en este aspecto: las subastas de medicamentos no son el camino adecuado por el que debe discurrir nuestro sistema sanitario porque, además de generar más perjuicios a los operadores que ahorros obtiene el sistema, pone en riesgo y compromete el correcto acceso de los pacientes a los tratamientos que necesitan. Resulta inaudito que, vista la experiencia de la implementación de las subastas en Andalucía, nuestros responsables políticos puedan barajar la posibilidad de establecer un sistema que puede derivar en graves problemas de abastecimiento, poniendo en riesgo un sistema alabado por todos:

ciudadanos, profesionales sanitarios, administraciones... Subastar al mejor postor un bien de salud como el medicamento no es, ni mucho menos, una propuesta razonable en términos sanitarios.

Junto al informe de la AIRef, la aprobación en abril por parte de la Comisión Permanente de Farmacia del Consejo Interterritorial de un ‘Plan de acción para fomentar la utilización de los medicamentos reguladores del mercado en el Sistema Nacional de Salud: medicamentos biosimilares y medicamentos genéricos’, vuelve a poner de manifiesto esos ‘tiempos recios’ que se ciernen sobre el sector. Entre las propuestas contenidas en este plan se encuentra, por ejemplo, la introducción de un mecanismo de devolución (claw-back) de los descuentos de las farmacias. ¿Alguien ha pensado en la cantidad de farmacias que se verían abocadas al cierre con la consiguiente merma de capilaridad del actual modelo farmacéutico? ¿Por qué intentar buscar soluciones para algo que funciona correctamente?

No sé si habrá que buscar ayuda divina y echar mano de la frase de Santa Teresa: “en tiempos recios, amigos fuertes de Dios”, pero de lo que estoy convencido es de la necesidad de que las autoridades tengan en cuenta a los agentes que conforman la cadena de suministro de medicamentos a la hora de tomar decisiones que afectan a la salud de los ciudadanos. Solo de este modo pasaremos de los ‘tiempos recios’ a otros mejores para todos.

 

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